miércoles 21 de enero de 2009

El barrio

Tu suela derrapa en la banqueta. Se te tuerce el tobillo. Lo ignoras. Que nadie escuche tus pasos. Entras a Bocanegra. El hocico de la pandilla de la colonia industrial. Las gallinas color tierra amarilla comen maiz en las macetas de la banqueta. Un niño juega con su conejo blanco. Le da de comer. Le jala las orejas. La abuela lo regaña. Tu caminas. Buscas el ochocientos uno. Te faltan aun cuatro cuadras por recorrer. Ves al piso. A tu derecha escuchas los gemidos de la heroina. El orgasmo corre por las venas del cuatroscientos doce. Casa verde menta, rejas blancas.

martes 2 de septiembre de 2008

La despedida de Josefina Martínez

El Chico se invade por el blanco de la neblina, y por la humedad desamparada del río. Esta noche oculta en escala de grises se ilumina por la silueta apresurada de Josefina Martínez. Pasos cortos, rosario en mano. Renquea. Tiene una pata más corta que otra. Nació mal, no tiene la culpa, así como tampoco tiene culpa la tabla que usa para nivelar su pierna izquierda. Se dirige a las afueras del pueblo. Entra al cerco de la Gitana, su gallo canta, pero ella duerme. Recapacita frente a la puerta, extiende su palma y soba la madera podrida. Se regresa. No, si por algo vine yo aquí. Ella me dijo que a cualquier hora y esta hora es caulquier hora. Iora me abres Toca la puerta, solo el gallo se entera. Insiste. Si hubiera un foco en este momento se encendería. Se abre la puerta, no rechina, algo raro en estos rumbos carcomidos. Se observan. Caras hinchadas una de llanto y la otra de sueño. La Gitana le cede el paso. Doña Josefa entra. Se limpia el sudor las manos en la falda. Al terminar agarra el rosario para que le suelte calor. La otra levanta ambas cejas, le cede el comienzo de la conversación. Ay no sé ni por dónde empezar. Aprieta el rosario. Cálmese, tranquilicese. Cómo me voy a tranquilizar. Cómo. A ver dime cómo, quiero saberlo. Primero platiqueme, suélteme la sopa, dígame qué pasa comadre. Doña Josefina le cuenta con lujo de detalle los tres sueños impactantes que tuvo las dos últimas noches. Evidentemente ensalsó sus pesadillas para unificar el hecho de que el sueño en el que una gallina ponía huevos negros, tenía que ver con su muerte en los próximos siete días. Efectivamente te quedan siete días, no cabe la menor duda en mi alma. ¡Ay comadre que hará! Pues no sé, ya ve como son estos sueños de impredescibles. Minutos después de haber dejado a la Gitana doña Josefa se dirige al mercado en Real del Monte para conseguir los elementos requeridos para la limpia del alma y hogar. En la lista de compras incluía un ramo de romero, un manojo de toronjil, una gallina negra, incienzo, agua bendita de la catedral y dos pastes pal desayuno. Para antes del medio día ya se había despedido de todas y cada una de sus putas, las más solicitadas en el Chico. Las niñas que tuvo a cargo fueron cinco, aunque su sueño siempre fue llegar a tener tres veces esta cantidad. El cariño de Josefa a sus putas era incondicional. Paula, Sandra, Venecia, Socorro y Esmeralda, comúnmente llamada Milagros por haber regresado la virilidad de cinco de cada siete hombres seniles que la visitaban. Esmeralda, bautizada por Josefa como Santa Pedrita de los Cavazos, huirá esta misma noche. Juntará sus ahorros y se irá para la gran ciudad con sus sueños bien fijos: ¡Buscará un marido! Las otras cuatro se diluirán con la ausencia de la patrona. Días pasan, aún se notan las huellas de Josefina a las afueras del pueblo, acumulan el agua que trajo el día anterior. En el centro del Chico, a un costado de la Catedral resaltan la formas opuestas en sexo y similares en estatura. Se escucha una pluma que rosa contra el papel. Gira. Se pasea, mientras este come sus jugos negros. La tía Lola y su primer contrato, sin tomar en cuenta el acta de matrimonio ni la de divorcio. Ambos son contratos desechables, devaluables e incómodos. Éste no, éste sí se celebra, por representar el fin de una mala racha. Se acabaron los días de limpiar calzones ajenos. No más sonrisas falsas en la mañana ni al anochecer. Bienvenidas las fachas de fin de semana y los pretendientes. Que, a pesar de ser un pueblo con doscientos setenta y dos metiches, a la Lola le llueven pretendientes de todo el estado de Hidalgo, palabra de honor. Hoy jueves veinticinco de abril se festejan dos años de su separación. La tía visita a su comadre de dieciséis años de edad y trece de madurez espiritual. Quiere confirmarle el hecho de haber alquilado una casa. ¡Manita te lo prometo! ¡La alquilé! No, no miento. La tía estuvo viviendo de la bondad de los Güitman por exactamente trescientos setenta y tres días. Cincuenta y dos sábados escuchando a Marcus contar sus historias tediosas. Cincuenta y tres semanas de acompañar a la Chata a la academia. Más de ochocientas lavadas de platos. Sin decirle más a la Chata ambas fueron a ver la nueva adquisición de la tía. Una casa de dos plantas. Paredes, piso, techo y puertas rogaban por una retocada. Está baratísima, manita. ¿Y, eso? Porque era un burdel. ¿Cómo crees que vamos a vivir en un burdel? Manita, no seas pendeja era un burdel, era. Era, repite la Chata. El precio a costa de la reputación. La reputación a costa de la comodidad. La comodidad a costa de la seguridad de las dos. Esa misma tarde cargaron todas sus pertenencias y las metieron en la casa de cuatro habitaciones. Dentro de los grandes tesoros de las tías se incluyen dos lámparas, una que da toques y la de la Lola; cuatro cobijas tejidas por la abuela Lucía, de las cuales una tiene dos hoyos inmensos; gracias a la falta de visión de la abuela y tres maletas. Las dos maletas de la Lola tienen tres vestidos, dos moños, cuatro fotos, un marco y los papeles del divorcio enmarcados; que haya evidencia de que es soltera. Una que no cuenta con diplomas ni títulos, debe de tener algo que colgar en la pared mi niño. La maleta parchada es de la Chata y solamente cuenta con cuatro vestidos, no tiene fotos, ni papeles, ni títulos, ni marcos, ni nada. Entran a su nuevo hogar, no cuentan con cocina, doña Chayo sigue siendo su fuente de alimento. El sol huye a la vista de la luna. Los mineros salen ardientes al acabar su jornada de trabajo. Aquí nadie cuenta las horas, los cambios de actividades se marcan por cambio en iluminación. Ambas tías recién instaladas, cansadas en físico y agotadas en mente, duermen. Ambas tendidas en el piso. Una ronca. Se voltea. Le tiembla la pierna. Escurre baba. Afuera se escuchan murmullos y con cada paso tambaleante se aclara una conversación. Ebrios, incongruentes y calientes. Tocan. La puerta llama pero nadie escucha, como suele suceder a esta distancia de la noche. Ambas duermen. Un grito. Esmeraldita, mi amor sal de ahí. Silencio. Tambalean. Uno se cae. Las risas lo levantan. ¡Esemeralda, sal de ahí que ya llegué! Sus oídos desconectados. Duermen. Ambas. ¡Sal de ahí cabrona! Siempre se hacen del rogar estas hijas de la chingada. Ni se hagan si son más putas que la vida misma. Risas. Un tiro. La bala entra por en el segundo piso, por la pared del cuarto de la Lola y sale por el techo. Una deja de roncar. La otra se estira. Otro grito, seguido de silencio. La desesperación minera aumenta. Quieren descargar su testosterona. Esmeralda, Paula, Sandra, Venecia y Socorro se despojaron de sus clientes sin previo aviso. No les dejaron ni una cubeta para escupir sus flujos varoniles, no les dejaron un calendario para pegar en la mina y que así regresen con las mujeres que tanto detestan. No les dejaron. Les abandonaron.

sábado 14 de junio de 2008

El Cable

Hoy falleció Jacinto Gutiérrez. Las vías de su corazón tronaron, años constantes de consumir productos lácteos y derivados de la familia porcina, se vieron reflejados esta tarde. Su cuñado, médico mediocre, recién graduado de la Universidad de Monterrey realizó días antes uno de sus pocos diagnósticos acertados. Pero ¿cómo resistir en la mañana unos taquitos sudados? ¿Cómo puedes cambiar los tacos sudados de don Pancho, los de chilorio, cabeza de cerdo,chicharrón en salsa verde que sirve tu amigo Meme o deja tú, esos taquitos de deshebrada con rajitas del Arturo? ¿Cómo puedes dejar esto por un licuado de plátano con avena? Los empleados de HSBC lo vieron debilitarse, caer y apretar el recibo del cable. Su padre murió de la misma forma, un cadete torpe de la segunda guerra mundial. Apretó una carta para soltarla en manos de su compadre Píter. Mai frend guiv dis tu mai guai. Tu mai. Tu llor, tu gis. Su cerebro se desconectó al recibir un segundo impacto de bala en la sien, un tercero en el cuello; el cuarto, quinto, sexto y séptimo los recibió a lo largo de la espina dorsal, gracias a que su gran compañero Píter lo utilizó de escudo durante el ataque. Al gringo no le afectó la muerte de Rolando; tampoco se tomó la molestia de abrir la carta agujerada, que bien y sus parientes podrían haberla utilizado como papel picado para el dos de noviembre . Píter regresa a su tierra, el país de la libertad condicionada. Esta agradecido. Agradecido de seguir con vida, tanto así que no fue a entregarle la carta a la viuda, novia, amante o lo que fuera; así como los cajeros no tomaron el recibo para imprimirle el sello de pagado y entregárselo a la familia Gutiérrez con su debida carta. Querida familia Gutiérrez el pasado once de mayo de dosmil tres hubo una falla en nuestro servicio. El equipo realizó lo posible por abandonar sus puestos para acudir al socorro de uno de nuestros clientes: el honorable don Jacinto Gutiérrez Nájera. Lamentablemente el vidrio antibalas con el que cuenta nuestro sistema, así como las puertas de seguridad del banco, evitaron que tanto la ayuda externa, como interna acudiera con el debido tiempo. Si HSBC les puede ayudar en cualquier situación háganoslo saber. Aquí mismo se le adjunta el recibo arrugado de Cablemás, pagado con el dinero que apretó el difunto Jacinto este jueves pasado así como el el peso cincuenta de cambio. En caso de que requieran algún tipo de apoyo para el velorio, contamos con un nuevo servicio a una tasa del veinticinco porciento. Sólo debe de presentar los papeles necesarios para la evaluación de su crédito, para mayores informes favor de marcar el 01 800 472 26 38 y seguir las indicaciones. Sin más por el momento me despido. Firma Erick Villanueva gerente de la sucursal Pino Suárez.

viernes 9 de mayo de 2008

El negro.

Tierra llena de grumos, ceniza que cubre mis hombros. Huérfano de refugio espero el amanecer. Únete suelo y come tus escombros. Látigos de acero rodeen mi cuerpo, desgarren mi carne. Oxídense en mi sangre. Inagotable fuente de horror, contrástate con mi felicidad, con mi orgullo. Grandioso ser de la esperanza ven a apapacharme, aconséjame que yo huérfano de refugio espero el amanecer. Rayos de luz salgan, quemen, acribillen, aclaren esta situación, expliquen el por qué de mi estancia, aclaren el por qué de su demora. Recárgate en mí, tierra débil, cruda y olorosa. Apésta mi cuerpo podrido, que a tí yo te he esperado. Esperado tu llegada. Entra a mis pulmones y exprime el aire que queda. Róbalo, nútrete. Mátame.

Junta de negocios


Te sientas. Tus calzones te abrazan los tobillos. Trusas azul rey, tus favoritas. Estas te quedan a la medida. No como las grises que te regaló tu novia, las que te cuelgan de la cintura. Esas sí que las detestas, bien sabe que no te gusta sentir el sudor de tu espalda escurrirse hasta el trasero y aún así te las regala. No hay de otra los tienes que usar. Es preferible aguantar que tus nalgas mojadas se resbalen al golpearse rítmicamente con cada paso que das, que el escuchar cómo tu novia puede relacionar la falta de uso de unos calzones con el hecho de que no la quieres como antes. Aflojas. Ahora no desayunaste, seguramente es la cena de ayer. Volteas a la derecha, a la izquierda, atrás y no logras encontrar papel. No hay papel. Enfrenta el temor de hallarte en plena comida de negocios y sin un triste cuadrito para limpiarte. El temor te invade, no hay forma en la que te salgas limpio de esta. Buscas en las bolsas de tu pantalón. Primero en la izquierda. No tienes suerte, solo sientes tus llaves y unas cuantas monedas. De la derecha sacas un recibo de Soriana. Recuerdas que hace tres días fuiste a comprar unas papas, un bolillo y jamón serrano. A las once cincuenta y cuatro de la noche. Tienes cuatrocientos cincuenta y tres puntos acumulados y setenta y tres pesos en dinero electrónico. Ambos vencen el treinta de abril. Falta poco, te dices. Sin pensar más partes este gran tesoro que te aportó la compra y te quitas la primera capa de comida. Con el otro pedazo imitas el movimiento. Con esta acción acaban tus esperanzas, ya no hay más de dónde sacar. Te paras y buscas, no hay lugar donde buscar, la instalación ofrece cuatro paredes, un escusado y un lavamanos, sin jabón. Más tarde te preocuparás del olor de tus manos. Tus intestinos te obligan a sentarte de nuevo. Segunda descarga. Te agachas y sacas la cartera de tus pantalones caídos. La abres, los billetes ni de chiste, tienes setenta pesos. Tarjetas de crédito, débito, credenciales, nada de esto es deshechable. Te quedas pensativo. ¡Las tarjetas! Inmediatamente buscas en el compartimento escondido, donde pones las tarjetas de presentación. Te carcajeas, sacas la primera. Doguis veterinario, te la dio el doctor Fernando Pérez en el cumpleaños del Artu. Bien sabes que no la utilizarás, ni mascotas tienes. La vida de esta tarjeta ha llegado a su fin. Comienzas a revisarlas una por una y priorizarlas. En esta etapa combate el Dragon Cháinis Restorant contra Vitamina Ce un despacho creativo. Es una decisión difícil, por un lado el Dragon no tiene servicio a domicilio, pero siempre pides de comer general tsao y pasas a recogerlo y por otro lado tienes a Vitamina Ce, un despacho que pertenece a un amigo, sabes que no utilizarás se tarjeta. Conoces el teléfono de su casa, su celular y su correo personal, sin embargo es tu amigo. Te sientes mal por el hecho de poder llegar a llenar su tarjeta con tu excremento. No es fácil. Comparas las texturas y tratas de imaginarte cuál de las dos te serviría más. La del restaurante tiene una textura rugosa, mientras que la otra tiene un acabado liso y brilloso. Sin más te desesperas, usas las dos. Al tirar la segunda tarjeta te das cuenta de que aún queda mucho por limpiar. ¿Cuál sigue? ¿Quién sigue? ¿A quién uso? Solamente me quedan cuatro Andrés González de Random Jáus, Héctor Jaime vendedor de Uniléver, no me pregunten por qué tengo esta tarjeta la verdad ni me acuerdo de este cabrón; Rodrigo Navarro, mi agente y del ingeniero José Rodríguez del Instituto del Agua. Las cuatro son blancas y de material similar. Tengo que descartar la del Rodrigo. No puedo perder su tarjeta, de hecho quedé de hablarle ahora para ver que pedo con mi novela. No puedo, pero la de Andrés es tentadora. Considerando que ha rechazado mis obras en varias ocasiones y se ha negado en dos, no me duele limpiarme el trasero con ella. Aunque considerando que esta última vez se llevó una copia, prometiéndome que éste año era mi año. ¡Puta! Ahora que me acuerdo la de Uniléver quedé de dársela al Pájaro para ver si podía entrar al nuevo programa de ventas que según esto van a abrir. La del ingeniero no la puedo usar, me la acaba de dar en la comida. Piensa. Piensas. No te llega una sola respuesta, porque ya las tienes. Te limpias con cada uno de estos personajes. El último lo usas para confirmar la limpieza de tus nalgas. Le jalas, dejas que el agua se se lleve la importancia de mis tarjetas.

domingo 20 de abril de 2008

Mañana lunes voy a publicar un cuento o por lo menos un fragmento que sustituya al cuento El encuentro. A ver qué les parece.

Saludos.

domingo 13 de abril de 2008

El encuentro

La cocina
Está sentado, el silencio lo invade. Las mangas mal dobladas de su camisa se chismean la tensión acumulada. La cocina impecable de sonidos. Sus pensamientos se tragan cualquier distracción. Aprieta el vaso con agua fría. El vaso suda nerviosamente al rodearse de esta escena y sus gotas escurren en los azulejos blancos y azules que ella felizmente escogió. El no se mueve, sólo piensa. Sus salen latidos a interactuar con el agua, con lo helado. Cuello abierto e impecable. Agujetas negras como el resto del calzado. Traje gris, el negro es para las muertes y los festejos, el gris para los conflictos. Saco y corbata cuelgan del respaldo de la silla.

La mesa
Descansan tres fotos y un sobre. Cada papel muestra una íntimidad ajena de una mujer compartida. Tres fotos son suficientes para dar a conocer la infidelidad. La imaginación del herido une los espacios con sonrisas, regalos, halagos, abrazos, besos, mordidas, lamidas, mamadas, gemidos, nalgadas, venidas y embarradas.

Los pensamientos
¿Por qué lo hiciste? ¡Te odio! ¡Pinche puta! ¡Hija de la chingada! ¿Por qué simplemente no me dices algo? ¿Qué quieres? ¿Qué no te he dado? Soy un pendejo, por qué no les hice caso… ¡Pendejo! Ya lo sabías. A ver ¿por qué te extrañas? Debe haber una explicación… ¿Cuál explicación? No hay explicación. Mientras tú te partes la cara ella va a coger con el primer cabrón que se le atraviesa. ¡Cuando te vea pinche perra! ¡Te juro que te voy a matar! ¡Te quiero! No me dejes… sin ti no… No merece tu amor… vela gemir… ve las fotos… Ya te lo habían dicho… ¿por qué te ciegas? Saca por primera vez tu coraje. Respétate y golpea a esa cabrona, las putas no merecen respeto.

La sala
De la sala se escuchan sus tacones. Gira la perilla de la entrada principal. Entra.
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El encuentro

miércoles 9 de abril de 2008

El gorila teniente Guerrero

La tía Lola duerme, su cama vieja apenas es capaz de sostenerla. No le importa. Ya está más acostumbrada a mi peso y forma que mis maridos, y por si no sabías en este mismo colchón murió tu tío, así es que respétalo. Un vinilo de Máils Déivis gira bajo la aguja. Para ser más específicos es el de Cáind of Blu y toca en este momento la canción de Sou Uat. El atardecer invade su habitación. Su condominio es austero en estructura y abundante en personalidades. Ubicado frente al parque Teniente Guerrero. El famoso parque donde los enamorados de última hora van a consumarse en actos ardientes. Si se enterara el grandioso Teniente que en su parque se consumen todo tipo de narcóticos, no hubiera dado la vida por esta ciudad, se hubiera unido a los filibusteros para formar la primera república socialista. Pero no se preocupe mi teniente que a los héroes de la Revolución tampoco les ha ido bien. En el parque los tijuanos juegan ajedrez, aún no es el turno de las prostitutas y los homosexuales, ellos esperan en sus casas, descansan, saben que trabajarán hasta tarde. En las noches sale el ingeniero Roberto a espantar a los enamorados y a correr a todo tipo de persona que disfrute de los beneficios del parque. Roberto, conocido como el Inge o Róber y titulado el loco de la colonia, nunca gozó de una educación universitaria, pero harto de que todas las personas importantes se autonombraran licenciados optó por un apodo más original. El Róber habita el departamento dos be. Su rutina se puede dividir en tres partes: madrugada, mañana y tarde. En la madrugada se despierta a molestar a todo aquél que este dentro de las aceras del Teniente. Al terminar se echa una siesta hasta las siete de la mañana. Para el desayuno se prepara sus huevos rancheros, en honor al rancho que una vez fue esta ciudad. Si uno se atreve a preguntarle por su desayuno, argumenta que los hombres desayunan huevos y los tarugos cor fleis. Después de ingerir su nostalgia, se pierde en el centro de la ciudad hasta las cuatro cuarenta. Al regresar lo primero que hace es visitar el hogar de Dolores para convencerla de que le compre aparatos eléctricos, recetas mayas, fotos de fantasmas y terrenos en la luna. Oigame, mi Róber, ¿por qué están tan caros estos terrenos? Pues es que son en esquina, doña Lola. Esos terrenos son buenísimos pa poner changarros. No me diga que no. La verdad. Son diez para las cinco y aún no llega. Algo anda mal. Lola comienza a roncar. Se voltea, las marcas de la almohada cubren el oeste de su cara y las de su edad la otra mitad. Dan las cinco. Hay gritos. Tocan la ventana, la puerta, la pared y todo aquello que dé la cara a la zona común de la vecindad. ¡Doña Lola! ¡Por Dios! ¡Abra! ¡Doña Lola! La tía sigue dormida. ¡Ai voy!, contesta su perico. La tía abre el ojo. Escucha. ¡Doña Lola! ¿Dónde anda metida? ¡Salga de ahí! Se para e imita al perico. ¡Ai voy! Se dirige a la puerta, apenas y puede caminar. Aún no deja el sueño. Empieza a abrir la puerta, en cuanto gira la perilla entran dos hombres fuertes atascados de pavor. ¡Doña Lola! ¡Doña Lola! ¡Se escapó el Gorila! ¿Se escapó el Gorila? Los hombres lo afirman. Van a buscarlo. Omar y Jaime trabajan para un antro en el centro de la ciudad. La gran atracción del lugar es el Gorila, el vecino de la tía. Hace poco más de dos semanas el periódico London Times publicó un artículo sobre Tijuana. Establecieron que es más probable toparse con un animal salvaje al caminar en los suburbios de Tijuana que en su hábitat natural. Cualquier extranjero al leer el artículo considera una barbaridad tal afirmación. Es normal creer lo contrario, si uno nunca ha estado en esta ciudad. Probablemente pensó lo mismo el prestigioso arquitecto de la modificadora PER al bajarse de su Tempo blanco, para llegar a toparse con una avestruz lista para atacarlo. Los puesteros de la Plaza del Zapato no se daban abasto con las carcajadas. La imagen muestra a un señor con traje de Dorians, corbata de la Yei Sí Peni y zapatos de esa misma plaza, perseguido alrededor de los carros por una madre avestruz. Seguramente lo mismo pensó la ama de casa Leticia Díaz al dirigirse a la panadería la Baguette y toparse con su peor pesadilla alérgica, un elefante hindú. Nunca temió sus alergias. El toparse con un paquidermo en medio del bulevar es algo surreal. La visita del elefante le costó una descalabrada. Como buena ama de casa iba caminando con tacones altos, falda corta y camisa escotada, al tratar de correr entre estornudos y ojos llorosos terminó por torcerse el tobillo izquierdo al subir la banqueta. Después se estrelló contra el único poste de concreto que había y finalmente contra la banqueta. Ni una sola vez hizo el intento de poner las manos. ¡N’ombre si pongo las manos, me echo las uñas que me acabo de poner! En la calle Negrete el Gorila no hacía gran cosa, simplemente estaba acostado en el pasillo central de la vecindad. Nadie lo notaba. Todos los peatones concentrados en caminar de un lado a otro. ¡Paco! Ven pacá. El Gorila no hace caso. La tía sube y regresa a su departamento a ver si tenía algo de comer que le pudiera gustar a Paco. El refrigerador vacío, hay condimentos pero nada que condimentar. Luis no ha ido al súper, qué barbaridad. Cinco minutos después sale la tía con cuatro tacos. ¿Qué trae doña Lola? Unos taquitos corazón. Lo que ocupamos es meter a Paco a su casa. Si ahorita en lo menos que podemos pensar es en echarnos el taco. Doña Lola, ¡por favor! La tía trajo lo único que pudo encontrar, tortillas de maíz y mole rojo que preparó para Luisito. Le quitó el pollo. Hasta crees que le voy a dar pollo a un mono, si apenas y me toca comer a mí. ¿A poco cree que con tacos de mole lo va a meter? Si conseguí a mi marido con el mole, me puedo conseguir un chango. Además el mole tiene plátano y eso estoy segura de que le va a gustar. La tía se le acercó y le dio el taco enrollado al animal. Este se lo devoró al instante. Los tres esperaban que el gorila mágicamente se parara y los siguiera por el alimento. Paco tenía otros planes. No hizo nada, solo se comió el taco y siguió echado en el pavimento y se rascó los pezones. La tía estaba más relajada que Paco. Si supieran las de Real del Monte que nadie le hace el feo a mi mole, no me lo creerían. La tía le dejó los tacos y su vaso de leche al animal y fue por su cámara. Tengo que comprobar que se comió mi mole. No me lo van a creer. ¡Pinche Paco no se mueve! ¡Míralo! ¿Cómo chingados lo vamos a meter? Lola se fue por segunda vez a su departamento, quería encontrar la cámara. Por Dios, ¿dónde la dejé? La tía nunca sale de vacaciones, los lugares que ha conocido han sido por el hecho de que ha vivido en ellos por lo menos un año. La cámara que tiene es una cámara Nikon F Photomic T que utilizaba su cuñado cuando se iba de cacería a Zacatecas en los sesentas. Encontró la cámara. El rollo era de mil novecientos setenta y dos hace poco más de quince años que nada ameritaba una foto. Este es el momento de restarle unos milímetros al rollo. Estaba apunto de salir a tomar la foto cuando recapacitó. ¡Mi sombrero! Se regresó al cuarto, abrió el clóset y sacó su sombrero de palma. Lola es incapaz de salir de su vecindad sin su sombrero. Lo considera una aberración. Mi cara puede estar arrugado mi niño pero sin una sola mancha. Se acomodó el sombrero frente al espejo de su buró y se. Ahora si salió. Bajó las escaleras y se dirigió a los señores. Acomódenme al mono este, pa tomarle la foto. Los hombres se pusieron cerca de Paco y ella presionó el botón. ¡Señora el lente está tapado! ¡Ay, Dios! Vuélvanse a acomodar. El segundo intento aparentemente fue exitoso. Ahora una conmigo. Cómo no, doña Lola. Rotaron al camarógrafo. Para las seis de la tarde ya no quedaba espacio en el rollo para otra imagen. Lola pidió todo tipo de combinaciones, una imagen sentada con su sombrero, una imagen con Paco, otra con Paco y el sombrero de la tía, dos con los guardianes del gorila, otra foto que comparaba los pies del gorila con los suyos, etc. El sol se fue y con él la novedad del mono. Lola se sintió cansada y mandó por un tubo a todos. Ya me voy corazones. Doña Lola, ¿qué va a pasar con Paco? No sé, es su problema. Yo ya le compartí de mi mole y de mi rollo.
Oficialmente hoy nueve de abril del 2008 a las diez cuarenta y cuatro comienza este blog, titulado Simulacro. Este sitio estará constituido por historias cortas aisladas con el fin de poder experimentar distintos aspectos en la creación literaria en el ámbito fronterizo y recibir así retroalimentación de cualquiera uno de ustedes.
Espero que lo disfruten...
En caso contrario, se pueden desahogar mandándome comentarios al
moises.pacheco@gmail.com con el título de Crítica y los leeré con gusto.

Saludos.